Breve apunte de la historia de Santo Tomé

Iniciaremos este resumido recorrido histórico con el primer hecho relevante que podemos situar en el entorno de nuestro pueblo. Durante la segunda Guerra Púnica entre romanos y cartagineses, una de las batallas decisivas fue la conocida como Batalla de Baécula, ocurrida en el año 208 a C. Tuvo lugar junto al río Betis, y aunque durante muchos años se creyó que se localizó junto a Bailén, estudios posteriores la han ubicado en las proximidades del Cerro de las Albahacas y el Turruñuelo, por lo que encierra para nosotros gran relevancia.

Sí documentado históricamente, Santo Tomé comienza a tener importancia al concederle Fernando III el Santo al arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez de Rada, Primado de las Españas, el Adelantado de Cazorla en el año 1231, el cual llegó a estar con posterioridad compuesto por tres villas, Cazorla, Quesada e Iznatoraf.

Don Rodrigo, el Arzobispo, proveyó a su sobrino don Gil de Rada, por ser este Capitán y Caudillo Mayor del Adelantamiento de Cazorla, de las tres villas y sus aldeas, con jurisdicción civil y criminal. Quesada llegó a ser en algún tiempo cabeza de Adelantado, aunque terminó resultando absorbida por Úbeda, la cual llegó también a ser la ciudad principal de gran número de pueblos, además del mismo Adelantado. Le pertenecían Torreperogil, Sabiote, Torre Mingo Priego, Iznatoraf, Las Navas, Santisteban del Puerto, Castellar, Sorihuela, La Moraleja, Santo Tomé, La Iruela con su castillo de 5 lados, Cazorla, Peal, Quesada, Hinojares, Pozo Alcón, Cabra, Solera, Bélmez de la Moraleda y Jódar.

Para nosotros resulta trascendental el hecho de que el arzobispo don Gonzalo Palomeque dona en el año 1311 a su hermano Pedro Díaz Carrillo una torre con alquería próxima a Cazorla, que será la villa de Santo Tomé.

La villa de Iznatoraf llegó a tener tres torres defensivas, dos de ellas convertidas en villas: La Moraleja, que el cardenal Tenorio (1328-1399) convierte en Villanueva del Arzobispo, y Mingo Priego, que el Cardenal Carrillo (1446- 1482) convierte en Villacarrillo.

En la segunda donación, esta vez más importante ya que incluye la totalidad del Adelantamiento, se cede por el rey de España y el papa Paulo III, el del Concilio de Trento, el Adelantamiento como propiedad a don Francisco de los Cobos en el año 1545, que después pasa a su hijo, el Marqués de Camarasa. Esta segunda donación motivó un pleito que se conoce como el Cisma del Adelantamiento, ya que la Iglesia reclama Cazorla y su Adelantado, que se restituirá finalmente al Arzobispado de Toledo en 1606.

Como consecuencia del largo pleito, se segregan del Adelantado Sorihuela del Guadalimar, Villacarrillo, Villanueva del Arzobispo e Iznatoraf.

La villa de Santo Tomé se convierte durante el reinado de Enrique IV, en 1624, en vizcondado a favor de don Hernando de Quesada, hasta que desaparece como tal en 1766.

Toda esta historia es muy conocida por estar publicada en libros por don Antonio Ceacero, paisano nuestro

Solo quiero agregar algo que pueda interesar a mis paisanos y que quizás desconozcáis.

La constitución de una villa de señorío llevaba aparejadas la existencia de su Rollo y el Ejido. Lo tuvieron Villacarrillo y Villanueva del Arzobispo. Creemos que Santo Tomé debió de ser una villa especial por la relación con el arzobispado.

En mi niñez, hacia el 1920, cuando ya llegaba en mis excursiones hasta la Plazoleta, existían, frente a la esquina del Cuartel, hoy Ayuntamiento, dos grandes rocas, de las que la colocada arriba era de forma cúbica, y calculo que pudiera ser asiento del Rollo.

Es posible que al dejar de ser villa y convertirse en vizcondado, ya no fuera importante la picota. Nos queda en cambio el escudo de vizconde en la puerta de la Casa Grande.

Más interesante puede resultar la existencia del Ejido. No lo conocemos como tal, aunque sabemos que don Pedro I de Castilla concede a villas y lugares los ejidos ansaderos. En nuestro pueblo, posiblemente el Ejido estaría constituido por las que conocemos como eras, ya que las familias que las explotaban solo lo hacían en régimen de exclusividad durante la cosecha, y fuera de la misma eran de dominio público.

En nuestra familia fuimos labradores. De mis muchas dedicaciones, recuerdo la de ir de trillique sobre el trillo de tabla, con dientes de pedernal y sin silla o asiento. Mis padres tenían una era grande por donde hoy se ubica hoy la Plaza de Abastos y casas de los hermanos Vela.

Nosotros chaspábamos las hierbas, trillábamos y recogíamos la cosecha, pero era un bien propio especial. Las gentes les llamaban el ejido y allí ataban su cerdo o su burro a una estaca. Les advierto a mis paisanos que en mi niñez había mas de veinte eras, de varias familias, cada una la suya, pero solo en la cosecha. Eran como una gloria las eras, sus gentes y sus trabajos, que la mayoría ya no conocen ni casi les sonarían los harneros, las palas de haya, las horcas de almez…

¿Sabéis que era el colmo o coholmo?, ¿conocéis el celemín?, ¿habéis visto salir las cabrillas? Eran cosas de mi tiempo, ya como un trozo de historia vuestra.

Durante la Republica y la Guerra Civil, en 1936 se produjo la parcelación de las fincas de los Pellones, lo que supuso repartir en manos de muchos vecinos la gran riqueza agrícola.

En mayo del año 1936, el Instituto de Reforma Agraria, entregó las tierras de los Estados de los Pellón, 527 hectáreas, a 260 obreros censados en Santo Tomé, es decir, a la Organización de Trabajadores de la Tierra de la UGT.

En la cosecha de 1936 se recogieron 3.100 fanegas de trigo, 1.012 de cebada, 200 de habas, 154 de escaña y 32 de centeno. Se repartieron 1.700 fanegas de trigo entre los colectivistas.

Durante la Guerra Civil, se constituyó una comuna, que se hizo con la totalidad de las fincas de labor y de olivar, y desde la llamada Bolsa del Trabajo, se ordenaba dónde iban a trabajar los obreros, asignándolos a las cuadrillas y fincas correspondientes. Puedo asegurarlo por haber sido yo mismo nombrado y haber cobrado de jornal diez pesetas diarias. Después continué los cursos de la carrera, hasta ser movilizado el 20 de agosto 1937. Puedo decir que ya no reingresé en la agricultura.

Podemos congratularlos de que el censo de nuestro pueblo sea de los que han aumentado en quinientos vecinos más respecto al existente en el 1936, máxime teniendo en cuenta que en Extremadura y Andalucía muchos pueblos pequeños han visto reducido su vecindario a la cuarta parte y más de uno ha desaparecido durante el siglo XX.

En general, la evolución de nuestro pueblo ha sido muy positiva, y no se puede comparar la situación actual con la de los tiempos de antes de la Republica cuando la pobreza era generalizada.

Nuestra riqueza, desde que me alcanza el recuerdo, era principalmente agrícola, en parte cerealista y olivarera, de ganadería más bien reducida; existían los ganados que aquí se decían de la Vez, a los que en otros pueblos se llamaban del Concejo, y se contaba con numerosas yuntas de labor, principalmente mulas. Los hortelanos solían tener burras. En mi casa, además del ganado de labor, que podía ser un par de mulas, mi padre solía tener una yegua, y en una feria de Villacarrillo compró un magnífico caballo resabiado, al que le quitaron el vicio y se hizo famoso, y murió de lobado viniendo de la Torre.

Los ganados de la Vez lo formaban las cabras de los vecinos, que a toque de corneta reunía por las mañanas Juandundo, y al atardecer, cada una de ellas se dirigía al domicilio de su dueño. La familia Candelas tenía su hatajo de cabras, con el lujo de la leche vendida por las calles tras ser ordeñada directamente ante el parroquiano.

También existía una piara de cerdos de los vecinos, que reunía y atendía el guarda correspondiente, pero de menos importancia.

Las eras, como coronas de gloria, donde en mi niñez se usaban los trillos con sus dientes de pedernal, que pronto se sustituyeron por los llamados rulos de cilindros, con su asiento. En los trillos se solía ir de pie y se colocaba sobre los tablones algún peso suplementario además del propio del que guiaba la yunta.

Antes del verano solían venir los que reparaban los dientes de pedernal, yendo a las casas de los labradores. Eran de Cantalejo (Segovia), y paraban en la posada de Pepe Lopezosa.

Por lo que pudiera tener de originalidad, diré que si al que guiaba la yunta de mulos se decía mulero, y la de bueyes, boyero, al que dirigía la yunta durante la trilla se llamaba trillique. Ese sería mi primer oficio, ahora desconocido.

En mi recuerdo, todo el llano de los Pellones era un gran olivar. Hacia 1920, una gran helada dio cuenta de aquella hermosa plantación y se convirtió en tierra de calma.

Existían y creo que aún existen, unas setenta y cinco hanegas de regadío en el Reato, cuya explotación suponía un buen remedio económico para muchas familias. La huerta precisa de una dedicación más delicada que la tierra calma, y el animal que poseían los hortelanos era la burra.

La existencia de bastantes mulas, yeguas y burras hacía precisa la existencia de las dedicaciones que se referían a talabarteros, herradores, esquiladores… Solían tener su barrio, cercano a la casa de Carmen Cuenca, en un gran rincón. Al esquilador Tío Antonio le tocaron cuatro mil pesetas en la lotería hacia el año 1920, e hizo la primera casa de la que fuera calle Nueva.

En el año 1917 hubo en Andalucía una revuelta social de tipo anarquista. En nuestro pueblo, gentes campesinas marcharon por las calles, pidiendo tierras para trabajar.

El jefe de la revuelta fue desterrado a la provincia de Córdoba, a Pueblonuevo del Terrible. Es una nota que forma parte de nuestra historia. Se enlaza con la venida de la República, y la recordada Guerra Civil. Estuve en aquellos acontecimientos.

Tenía quince años cuando llegó la Segunda República, veinte cuando comenzó la Guerra Civil .Quizá sea de las pocas personas vivas que conocieron aquellos acontecimientos. Llegar a casi cien años no es fácil, y uno es un poco de historia y como un objeto antiguo.

La Casa Grande, que administraba Martinico, el Guarda, era la hacienda principal del pueblo, con sus numerosas yuntas de mulas, su yegüero y su guarda juramentado al que llamaban Perucho. Los dueños, de la familia Pellón, tal vez de Villacarrillo, no solían venir por el pueblo. Creo que en una ocasión, por haberse helado los olivos, vino uno de los dueños, don Celso Pellón.

Santo Tomé sufrió una profunda transformación y pasó a ser un pueblo rico, el actual, muy diferente del de mi niñez. Es de suponer que de aquella penuria de luz eléctrica del llamado Duende, se haya pasado a una mejor.

En agricultura ha pasado al monocultivo del olivar, y de las tres almazaras se ha pasado, en el Llano, a la Cooperativa Santo Tomás.

Los últimos datos de que dispongo de Santo Tomé, de finales del año 2011, se reflejan a continuación:

Tiene su término municipal 7.320 ha, con una altitud media a nivel del mar de 454 m y el censo es 2.703, vecinos (el censo de Santo Tomé en el año 1935, según Nomenclátor, era de 2.298 vecinos).

La distribución de la superficie es:

  • Hectáreas de Pellón: 649.
  • Número de parcelas: 1.180.
  • Número de vecinos propietarios: 407.
  • Finca de Pepica Torres: 115 ha.
  • Hanegas: 53 ha, con 114 comuneros.

Fincas de riego de olivar.

  • Riegos de Manjón: 1.350 ha.
  • Riegos de los Cuartos: 390.
  • Riegos de las Albahacas: 200.
  • Riegos el Rincón: 400.

Riegos de cereal.

  • Retamar: 140 ha.
  • Los Estados: 253.
  • Montiel: 84.
  • Hanegas a ambos lados del río Cerezuelo: 73.

Creo que la palabra hanega, debe derivarse de fanega, por la extensión aproximada de cada parcela de regadío.

Esta es resumida la historia de nuestro pueblo. De la vida de hace cien años, qué os podré decir. Tal vez creeríais que exagero. Para que os hagáis una idea, os doy una relación de oficios, de dones, de tipos, de relatos, motes, refranes…

Os diré de aquella vida, que solo el niño Francisco, el hijo de Antonio Montero tuvo un pequeño diccionario. Había uno de la escuela, que el maestro no nos dejaba manejar. El primero lo compré cuando gané el primer sueldo de maestro. No aprendí a montar en bicicleta, y al balón jugábamos con uno liado de trapos.

Pues bien, aquella vida tenía sus encantos, y en ella nos forjamos. Es la que cuento y la que recordamos algunas personas nacidas y que permanecieron bastantes años en Santo Tomé. Me han ayudado con la recopilación de datos Pepa Lopezosa, residente en Tarragona, Esperanza Plaza y don Antonio Ceacero, residentes en Jaén. El Ayuntamiento y algunos vecinos también me han facilitado datos que considero muy importantes. A todos mi agradecimiento.

Espero que el libro SANTO TOMÉ EN EL RECUERDO esté entre vosotros en el año 2013.

Todos hemos puesto, y habéis puesto, lo mejor que hemos podido y tenido.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.