Saludo a mis paisanos

Este libro está escrito para vosotros por un paisano vuestro al que no conocéis, pero que nació y creció en esta villa, y que estuvo aquí durante los veranos y los inviernos hasta el año 1937, en el que fue movilizado en la zona republicana. Después de terminada la Guerra Civil, he venido a veces para visitar a la familia, y en casos aciagos, para sumar mi presencia; pero realmente no he residido en Santo Tomé. Soy para vosotros un forastero.

Redondeando, diría que hace la friolera de setenta años -la vida media de un cristiano- que marché por esos mundos de Dios y que hoy querría regresar de nuevo, para estar entre vosotros y con los míos, de los que quedan pocos.

Muchas personas me preguntan por qué he llegado a tantos años y, haciéndome un señalado favor, creo que con algo de lucidez mental, voy a intentar explicarlo.

La causa es harto sencilla. Vivía durante mi niñez en Santo Tomé una persona adivina llamada la Pasma y fue aquella sabia la que me pronosticó los rasgos fundamentales de mi vida, como se relata en el capítulo de los dones, incluida mi longevidad.

¿Es posible que llevemos escrito en el rostro nuestro destino, y que solo algunas personas sepan leerlo y descifrarlo? ¿Conocía aquella bruja lo que me iba a suceder en mi vida? Algunas de sus adivinaciones no las comprendí, por ejemplo lo de ser un niño curioso, que interpreté como aseado, pero que sin duda se refería a observador.

Todos los seres de la naturaleza desean regresan para morir cerca del nido o gruta donde nacieron y se criaron. También yo deseaba regresar entre vosotros, para recordar mi niñez y mi juventud; pero casi no es posible.

Aunque renuevo el carné de conducir todos los años, mis hijos opinan que no debo llevar el coche, y ellos, con sus ocupaciones, tampoco me pueden traer. Por otra parte, ¿a quién encontraría de los míos?, ¿dónde estarán mis amigos de la infancia?

Una de mis ilusiones ha sido escribir sobre la vida de nuestro pueblo durante la primera mitad del siglo XX, pero en los primeros días de la Guerra Civil de 1936 se quemaron los archivos de la Iglesia y del Registro Civil, por eso lo de llamar a este escrito SANTO TOMÉ EN EL RECUERDO.

Conocía las manzanas del barrio de abajo, junto a la de la casa de mis padres, incluso la Cañada y los grupos de casas más allá, donde Manuel, el Bosque, Tío Pedro Pijota, Eulogio Plaza, Pura la de Lorente…; pero respecto al barrio de arriba intuía mis grandes carencias. Era preciso buscar y encontrar a alguna  persona que hubiera vivido en Santo Tomé y gozara de buena memoria. Tuve la gran suerte, y nada menos que en Tarragona, fui a encontrar a Pepa Lopezosa Angulo, la Pajarita, que es como un archivo viviente. Ella me ha ayudado, y a ella debo y debéis los tomeseños gran parte de los datos del libro relativos a motes, familias y domicilios. He ido relacionando las viviendas y sus moradores de las manzanas que estaban o construidas o en proceso de formación en aquella época. La numeración a la que se hace referencia en cada una de ellas es la correspondiente a la que aparece en el plano que se adjunta. En algún caso, los números pueden repetirse en más de una manzana (p. ej. las manzanas no 3, 4, 5 y 6 del Barrio de Abajo tiene la misma numeración en el Barrio de la Cañada).

He procurado incluir un relato de algún personaje o acontecimiento de cada manzana que tenga relación con sucesos de nuestra vida en la sección denominada “Relatos”; entre paréntesis indico en algunos al barrio y manzana al que pertenecen (p. ej. A7 indica que es de la manzana 7 del barrio de arriba, B para el de Abajo y C para La Cañada). En los “Los Tipos”, describo aquellos personajes que llamaron mi atención de niño. En “Los Dones”, las facultades de algunas personas que me parecieron excepcionales. En “Los Oficios”, los que recuerdo y de los que muchos han desaparecido.

He recogido dichos y apuntes del extenso vocabulario de nuestro pueblo, en algunos casos con influencias de Latinoamérica, y en general cuestiones que he creído sean interesantes conocer sobre la vida e historia de Santo Tomé, como el apartado dedicado a los “Motes”. Su recopilación no ha sido tarea fácil, y tal vez no sea tan interesante como me propuse. En esta sección se dará una información de muchos de ellos, y os pediré que nadie se avergüence del suyo. El mismo alias, que dicho con cariño y mimo es un halago, pronunciado con brusquedad constituye una ofensa. Por eso los he conservado, y pido a cualquier vecino molesto disculpas anticipadamente; eran y son, en el fondo, muy significativos.

En mi ánimo al escribir la historia de nuestro pueblo, recordaros como éramos entonces; opino que en casi un siglo muchos de aquellos rasgos se conservarán.

A muchas personas les parecerán historias extrañas. Tened en cuenta que hasta los años cincuenta, incluso pongamos que los sesenta, la vida casi era igual en los medios rurales a la de mil años antes. En el medio siglo último el progreso ha sido incalculable. Al ser la mayoría recuerdos, solo los mejores son los que se exponen, y en algunas ocasiones, hasta idealizados.

Por ejemplo, Santo Tomé pasó durante la Republica de la Edad Media a la Moderna, en un salto que nosotros vivimos. La vida era así, como os lo digo; podría asegurar que de mucha pobreza y demasiada economía. Hasta los ricos de estos pueblos eran bastante pobres.

Una de las circunstancias que siempre he considerado importante de Santo Tomé fue la ausencia del señoriteo. Aparte de los Pellones, que por aquí no asomaban, y de Pepica Torres, que no estaba casada, todos los demás éramos del común, sin grandes diferencias en la riqueza; aunque había, eso sí, familias más importantes, pero más que nada por el ejemplo, la formalidad, la honradez, la conducta y el afán por el trabajo bien hecho.

Era el nuestro un pueblo totalmente aislado a primeros del siglo XX. Solo hasta cierto punto nos visitaban con frecuencia los recoveros de Begíjar, y había dos que tenían asiento en el pueblo.

Era continua la presencia de gentes de oficios: trilliques, arrieros, afiladores, cesteros, herbolarios, sogueros, lañadores, especieros, pedigüeños, predicadores en Semana Santa, cómicos y algún circo descarriado, hojalateros, silleros…

Podría asegurar que todos, en nuestros oficios, éramos eficientes; el trabajo, cuando se domina, termina por constituir un arte. Lo he podido comprobar vida adelante.

Espero y deseo que en este libro encontréis motivos de goce y satisfacción, y alguna referencia de un antepasado que quizás habíais olvidado.

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