Los aceituneros altivos (Miguel Hernández)

Bien está para cantarlos, pero de altivos, nada; por descontado que ya no quedan. Ahora son los extranjeros, que dan los palos al frente y destrozan los olivos. No son suyos.

¡Pena me dan los olivos!, apaleados, como a los negros de galeras. ¡Pena me dan!

Por los caminos de escarcha, con las varas al hombro, de madrugada los vareadores íbamos hacia los tajos. Forma parte de mis experiencias personales. Recorrí todo el camino de los oficios de campesino. Primero recogiendo las aceitunas salteadas en medio de los liños; después, punteando las que los vareadores dejaban entreveradas; al final, uno más entre ellos, entre los vareadores, pasando la larga vara como peinando los olivos.

No me gustan cómo lo hacen los extranjeros o los gitanos, que veo por televisión, las varas en sus manos dando palos sin ton ni son. Aquellos eran trabajos de especialistas, y lo éramos todos.

Constituía un arte, como el de todos los oficios; pero precisaba un buen maestro. Yo lo tuve, y lo tuvimos los tres hermanos: fue nuestro padre y nuestro maestro.

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