El pescador

Es preciso tener en cuenta que Santo Tomé está entre dos ríos. En el que baja de Cazorla se cogían barbos, bogas y cangrejos. En el río que decíamos Grande existían anguilas, barbos y truchas. Lo más corriente era que algún pescador lo hiciera a mano, buscando los peces en sus agujeros. Con anzuelo, pocos, como no fuera algún aficionado para su casa. Algunos tenían trasmallos, y hasta los había que en los cadozos embarbascaban a los peces. Al verbasco o gordolobo (verbascum thapsus), planta salvaje que ornamenta los cantones y cunetas, en Santo Tomé le solían llamar probayernos.

En una ocasión presencié una puesta de huevos de un pez llamado boga. Ya no existen ni este pez ni aquel reato.

Las anguilas en algunas casas no solían comerse, por el parecido con las culebras.

Es posible que actualmente no exista el Cerezuelo como corriente de agua. Solo correrá en alguna tormenta. En mi niñez se regaba el Llano de Pellón, y con su corriente funcionaba el molino de Carmen Laínez, en su huerta arrendada.

En cuanto al río Guadalquivir, presumo que será difícil encontrar alguna anguila, no hablemos de cangrejos ni hasta de peces.

He comentado en este libro el caso de Santiago, que tenía fama de buceador. Era originario de Cazorla y vino a vivir en Santo Tomé. Murió accidentalmente durante una jornada de pesca en los Tamojares.

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