El ateo

El ateo

Vengo, aguerrido y victorioso para darte cuenta de mis hazañas.

He recorrido pueblos y ciudades, aldeas y caseríos, cortijos y lugares.

Hasta la humilde choza del pastor, llevado he la nueva, de la muerte de Dios;

la gran superchería que aprisionaba las inteligencias de las gentes

y las hacía serviles y supersticiosas.

Todo está conseguido y arrasado.

Dime ahora, gran jefe de los sin Dios, cual es la nueva misión encomendada.

Me aprestaré a obedecerte con diligencia y eficacia.

El gran jefe, ante la impaciencia del revolucionario, después de meditarlo, dice.

Y, ¿de qué llenaremos ahora, el corazón de las gentes desvalidas?

El ateo
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