La Gestora

La Gestora

Digo yo, que la comisión para gestionar el puente sobre el río Guadalquivir, se llamaría, la Gestora. La  constituían tres hombres buenos, con su cédula personal correspondiente y que sabían leer y escribir, de Santo Tomé, (Jaén); Juan José Martos, Federico Rodríguez e Ignacio Plaza, mi padre, a quien debo el recuerdo.

Se alojaron en la C/ del Pez, pensión económica, comida familiar, había, no podían faltar, sus comercios, sus bares, hasta posiblemente algún tugurio. ¡Vete tú a saber!

En un bar a mano derecha, saliendo a la vía principal, cada mañana, paraban un momento y Juan José, se tomaba, su alambique, para matar el gusanillo. Ya ni tenía que pedir la nota. Eran diez céntimos, una perragorda, que el comisionado dejaba sobre el mostrador, haciendo una indicación al dueño del Bar, que por un casual era de Chilluevar, Madruga, de apodo.

Aquella mañana, bien por distracción o a propósito, no entraron en el bar de Pepe, y si lo hicieron en uno de la Carrera de San Bernardo.

La verdad era que a nosotros dos, Federico e Ignacio, aunque estuviéramos años frecuentando la calle, sus bares y estancos, nadie nos hubiera reparado.

Juan José Martos, llamaba la atención, sobre todo por el chaleco charro, con botones de plata. Nos opusimos francamente, a que se tocase la cabeza, que le comenzaba a clarear y canear, con pañuelo de hierbas, con sus cuatro nudos, como cuando iba a su hanega, ya próxima a la huerta de Vilar.

Pidió J.J, su alambique, que le pusieron en una copa recién lavada y con un vaso de agua al lado; cada cosa en su plato. ¡Qué tíos! Todo chulete, Juan José Martos, se tomó la copa, despacio, bebió un trago de agua y pidió la cuenta.¡Parecía un señorito!

El camarero, le entregó en una bandeja lacada, una nota escrita a mano, por una joven que se ocultaba tras un biombo; la contable. Escueta, 50 cts; no se admiten propinas. J. J M, haciendo de tripas corazón, metió dedos, pulgar y señalero en el bolsillo de su ya famoso chaleco y sacó una pieza de dos reales, de plata. La examinó detenidamente, era de la 1ª Republica española y tenía una dama o diosa sedente. Nosotros, las decíamos, del tío sentado, sobre todo las perras gordas, más frecuentes en los cambios.

Dejó, su preciada moneda y salieron, camino del tranvía, hacia Fomento, donde ya éramos conocidos.

Comentario de Juan José. “Me ha cortado el revesino”. ¡Menuda, mi Nieves, cuando le cuente, la cuenta! Se refería a su esposa.

¡Déjalo ya!, no lo pienses más, le dijo Federico Rodríguez, el juez de paz.

Mi padre recordaba, de la pensión familiar, Navalón, a la niña Angelita, que cantaba muy bien y quería ser artista y, a su madre, doña Ángeles, recién viuda. ¡La pobre!

Pasados mas de 15 años, siendo soldado del ejercito de la Republica, yendo un día, frente al teatro Principal, de Valencia, leo. “Artista invitada, Angelita Navalón”. Saco mi entrada, consigo saludar a la artista. Se trata, en efecto de la niña de la C/ del Pez, que según mi padre deseaba ser artista.

Me presenta a doña Ángeles. Recuerdan perfectamente al trío de Jaén, me dicen de uno con chaleco charro. Me advierten, que no miente, que tuvieron una pensión. Estuvieron, muy agradables, conmigo.

Estamos en 2012, han pasado unos noventa años. Busco en Internet. Está Angelita. Tomó parte en varias películas hacia 1944.”Los ladrones somos gente honrada”. y ”Eloisa está debajo de un almendro”. ¡Parece que fuera ayer!

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